Evasión a la verdadera realidad

Muchos me preguntan que por qué decidí estudiar periodismo o por qué pierdo mi tiempo escribiendo, cuando es algo que poca ganancias económicas da, pero que mucho esfuerzo y horas requiere; a todos ellos, aquí va mi respuesta:

Nunca fui capaz  de meter un gol ni de entender las ecuaciones de segundo grado. En educación física era la última seleccionada al formar los grupos y me liaba continuamente con los complementos directos, los agentes y los circunstaciales.
Jamás tuve don de gentes y los chicos siempre preferieron a aquella rubia tan mona de la primera fila que jamás me dejó formar parte de su club.
No me gustaba el rosa y Winnie de Pooh me producía nauseas.

Recuerdo los recreos en el patio del colegio, transportada a otro mundo gracias a mi primer mp3, escuchando esa música “oscura”que pocos entendían. En ese entonces solía contemplar  a la gente y hacía innumerables hipótesis sobre todos ellos. Me gustaba imaginar los pensamientos de los que jugaban al baloncesto, inventar las conversaciones de las populares o preguntarme cómo las bocas de aquellos dos tortolitos podían permanecer tanto tiempo juntas y muy revueltas.

Fue en esos días cuando dejé de querer ser o pertenecer y empecé a apreciar la soledad. Por algún extraño motivo siempre he tenido la impresión de haber vivido en una realidad paralela a esta: Veo todo pasar y me cuestiono cada uno de los factores que componen este mundo. Me enfurezcen, me entristecen, me hace reir y otras veces, para ser sincera es una gran minoria, me enorgullecen, me emocionan…
Sin embargo siempre me he sentido ajena a ella, como si no perteneciera a este lugar, como si hubiera acabado aquí por equivocación tras una larga noche de borrachera en la que la resaca no te deja recordar quien eres ni a donde perteneces. Es como estar al otro lado de una gran cristalera flexible en la que puedo palpar, ver, escuchar, saborear e incluso sentir, pero esa barrera siempre está ahí. Y yo, no puedo evitar sentirme sola, incompleta, incomprendida…menos cuando escribo.

Cuando escribo me siento útil, me siento realizada. Es como si esa cristalera se rompiera en mil pedazos y esos trozos en lugar de caer y cortarme, se evaporaran y dejasen una brisa refrescante a su camino. Cuando la cristalera se rompe me siento libre, pero no para ir al otro lado, si no para salir y encontrar el lugar a donde realmente pertenezco, al sitio donde esa incompetente cigüeña debió haberme entregado hace ya algunos años.

Escribir es encontrarme a mi misma y a todos esos seres y lugares que hay en mi mente y que solo existen en la tinta puesta en un papel.
Es hallar ese único sitio donde alguien puede oir mis gritos de desesperación y ver mis lagrimas de tristeza.
Es descubir el escenario perfecto para reivindicar sin importarme nada más que la causa, nada más que la verdad.
Es donde  perdono sin rencores guardados, donde los sueños parecen alcanzables, donde no hay techos que me impidan volar… donde amo sin miedo.

¿Qué es la literatura si no el medio mas hermoso que existe de expresar las cosas tal y como las sentimos? El medio más gratificante de crear belleza, de unir a personas sin importar raza o religión.
Literatura es que una persona que esté al otro lado del mundo se sienta identificado con lo que tu plasmaste hace 100 años atrás en un papel, sin importar época o lugar; es la sensación de conseguir que los poros de una piel se ericen o que unos ojos se empañen al leer algo escrito.

Eso es literatura,
quien lo probó,
lo sabe.


El placer del errar

Texto escrito por una Mar de 15 años en la primavera de 2010

Tranquila, que si vuelvo a caer, volveré a levantarme. Porque esto es así, no hay más.
La vida es esta inestable serie de errores en la que se aprende mucho más al caer, que al estar erguido.

Pero me encanta, me encanta cometer errores.
Sí, ya sé que puede sonar cínico o demagógico, mas me apasiona cometerlos…aunque no sean tan dulces las consecuencias.
Adoro la sensación que produce el hacer algo aunque sepa que está mal, aunque de lejos vea que no puede acabar bien, simplemente porque me apetece.

Porque es lo que deseo en ese preciso instante.
Porque aunque después duela, en ese instante vale la pena.
Porque es lo que me hace sentir pletórica…

Y es que los errores tienen dos partes.
Sí. Aunque siempre te hayan enseñado la negativa, la de las consecuencias.
Pero qué hay de lo bueno, de lo que vivimos antes de que todo acabe, ¿acaso no es genial?

Si bien es verdad que mientras más alto subes más dolorosa es la caída…pero me gusta tanto llegar alto…

Porque hay veces que la subida, justifica el dolor.
Porque es momento para eso.
Porque es MI momento.
Porque voy a equivocarme tropecientas veces más hasta que por fin encuentre mi camino.
Porque qué son los aciertos sino errores que acabaron bien.

Solo sé que yo no voy a parar hasta que por fin encuentre mi acierto y no pienso sentirme mal por ello.

Porque se necesitan ensayos antes de la gran función.

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Ilustración modificada de Raid71

Cicatrices en papel

Hay cicatrices que se aprende a amar, cicatrices que marcan la piel.
Cicatrices que ayer fueron heridas profundas y que hoy son solo son el recuerdo de travesuras pasadas que ya no volveremos a repetir.

Pero hay también cicatrices que amargan el corazón y lo despedazan,
Cicatrices que se convierten en fantasmas anudados en la garganta.
Cicatrices tan profundas que no se borran ni disimulan con el tiempo.
Cicatrices que no están en la piel, sino en el corazón.

Más hoy, me las arranco del alma,
Y de las malditas cicatrices que me dejaste
Solo habrá rastro en este sucio y viejo papel.