Lo siento

Sé que esto llega muy tarde,

Que quizas ya ni recuerdes mi voz,

Pero yo tengo la tuya muy presente

Advirtiéndome a gritos que me iba a consumir su dolor.

Que su amargura se enredaría en mi pelo,

Y me haría presa de su agonizante control.

Y yo, hice como que escuchaba pero sólo te oía,

Sorda por la ilusión del primer amor,

De las ilusiones prometidas, del ensueño,

Del puto príncipe azul con besos de etilenglicol.

Y ahora aquí me hayo,

muerta en vida,

Contagiada,

con medio corazón negro

y sin perdón.

Una mentira

Él es el chico de mis sueños,

lo ha sido todo este tiempo y no me había dado ni cuenta.

Espera, no es lo que estás pensado:

No hablo de “el chico de mis sueños”, “utopía”, no soy tan cursi.

Me refiero literalmente al chico que viene,

hace ya tiempo, apareciendo en mis sueños.

Por eso siempre lo echaba en falta, nunca aparecía.

Pero en realidad había tomado, todo ese tiempo, diferentes formas.

Apareciendo en distintas maneras,

sin darme yo ni cuenta,

de que había en todos ellos la misma esencia,

esa frescura,

esa brisa, 

ese suspiro.

Ese primer beso,

esos labios,

ese susurro.

Esa mirada azulada…

Perdona acabo de darme cuenta, 

que lo dicho en el cuarto verso es mentira.

Alzheimer existencial

Grítame el por qué,
Vuelve a explicarme el significando de esta historia,
Hazme entender de qué sirve todo esto.

No dejes que olvide por completo mi fin,
La razón de que mi corazón siga latiendo,
Mi sino, mi destino, mi razón.

Enseñame a cómo no rendirme a cada instante,
A cómo sobrellevar la tortura del existir.

Que cada vez me cuesta más el levantarme,
Y cada vez es más fácil ignorar que el sol ha vuelto a salir.

No eres tú, soy yo

Tranquilo, es culpa de mis expectativas,
de haber pensado que lo nuestro era algo distinto,
que las cosas habían cambiado,
que por fin con alguien sí,
que esta vez no me había equivocado.

Y una vez más me veo gritándole al puto silencio
los reproches que a ti te da pereza escuchar.

Porque ya ni disimulo el llanto,
para qué esconder algo que a nadie le interesa encontrar.

Si por algún casual te embargara la culpa,
hoy te libero del arduo sufrimiento,
te exculpo de las lágrimas derramadas,
de todos mis gritos al viento.

Que las decepciones solo llegan cuando hay esperanza,
y que con los achaques que cargo en mis espaldas ya debería haber aprendido,
que mis expectativas son siempre muy altas,
y que es solo culpa mía seguir muriendo, siempre cayendo por precipicios.

Yo soy Mar, bienvenidos a Cibia

Cibia es la isla desierta que albergo en mis entrañas. Una isla en la que coabitan mostruos de alma negra y bondadosas criaturas de corazón inocente. Un paraíso de aguas cristalinas y calmas, azotado fortuitamente por huracanes que llegan sin pedir cita previa.

Un lugar que huele a hogar, a comida recién hecha y a besos de buenas noches; pero en el que los miedos pasean a plena luz del día, y la angustia se hace ermitaña en las gargantas.

Bienvenido a Cibia, ¿Te atreves a entrar?

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Ilustración basada en una obra de Federica Bordoni