La forma de su corazón

Mi corazón es puntiagudo,
lo tengo helado y va a ritmo lento
en un ataúd de cristal dentro del pecho,
impoluto, intacto, inalcanzable.

Llevo décadas escondido dentro de mi propia vida,
parando corazones bajo comando
para no poder sentir que el mío solo trabaja bajo servicios mínimos
desde que el de ella, hace décadas, dejó de latir.

Pero Matilda llegó con un trapo y sin pedir permiso
limpió el polvo de la vidriera,
y descubrió que mi corazón no es frío ni puntiagudo,
esa no es la forma de mi corazón. 

Miró mi pecho y vio que eso era sólo el ataúd
y que mi corazón antes azul
falto de aire,
estaba dentro,
tornando carmín
latiendo cada vez más rápido,
lleno de luz.

Cómo no la iba a querer,
si en una vida de guerra
ella me había traído paz,
a Marilyn, a Chaplin y a Madonna.

Cómo no me iba a querer,
si en una vida de golpes,
en mi había encontrado el abrazo,
el maestro, el guardián, el amor. 

Y aunque lo que mal empieza mal acaba,
Yo le di la oportunidad de un comienzo justo
Y ella le dio sentido a mi final.

Y nada podría haberme hecho más feliz,
que mi última palabra, agonizante, fuera su nombre.
y su primer acto, por fin liberada, fuera en mi honor. 

El último fracaso

Mamá, lo siento,No es tu culpa

Te prometo que lo he intentado,

qué lo he intentado mucho.

Y han habido momentos en los que de verdad pensé que estaba curada, que era feliz,
pero era todo una ilusión,

Esa mentira que por tanto repetir acabas creyéndote,

Pero he fracasado una vez más, como si hubieran sido pocas…

Y ya no puedo más, no logro respirar en esta piel, me ahoga cada segundo de mi existencia.

Esta vez ya no me quedan caretas,

Pero te prometo que este será mi gran último fracaso.

Nudos en la garganta

Este vacío que crece cada día un poco más sin darme cuenta,

Este agujero negro que atrapa todo lo que encuentra,

Éstas ganas de acabar, este cansancio de tanto esperar, de pretender, de sonreír pero no estar.

Este peso en el pecho que me ahoga y ya no puedo respirar,

Y ya no quiero respirar,

Nunca más.

Cuentos para no vivir

Me cuentas historias de miedo,
de fantasmas encerrados en castillos,
casas encantadas,
brujas que comen niños.

Y no sabes que a esta niña tonta ya nada le asusta,
que ha bajado a los infiernos,
y cada noche,
bailado entre tumbas.

Que la muerte es su amor platónico,
y los fantasmas no la dejan sola ni en las sombras.
Que su brujería la dejó ciega aún con los ojos abiertos,
que no hubo hechizos de magia blanca que iluminaran su alma.

Y hoy me vienes con leyendas que me hagan mirar bajo la cama,
pero no sabes que no pueden molestarme tus cuentos para no dormir,
cuando mi vida hace tiempo se ha convertido en un cuento para no vivir.

Veneno lento

Emponzoñaste lentamente mi alma,
arrancaste de raíz mis sueños,
cubriste de negro mis sonrisas,
okupaste para siempre mis recuerdos.

Desgraciaste mi vida, mis plantes, mis futuros,
trituraste con malicia mi inocencia.
Perdida entre mil mares nauseabundos,
me condenaste a divagar como un fantasma.

Pobre estúpida, crédula de cuentos de princesas,
hoy quedo sucia,
sola,
vacía,
con las entrañas partidas y llena de ilusiones sin dueño.