Nudos en la garganta

Este vacío que crece cada día un poco más sin darme cuenta,

Este agujero negro que atrapa todo lo que encuentra,

Éstas ganas de acabar, este cansancio de tanto esperar, de pretender, de sonreír pero no estar.

Este peso en el pecho que me ahoga y ya no puedo respirar,

Y ya no quiero respirar,

Nunca más.

Cuentos para no vivir

Me cuentas historias de miedo,
de fantasmas encerrados en castillos,
casas encantadas,
brujas que comen niños.

Y no sabes que a esta niña tonta ya nada le asusta,
que ha bajado a los infiernos,
y cada noche,
bailado entre tumbas.

Que la muerte es su amor platónico,
y los fantasmas no la dejan sola ni en las sombras.
Que su brujería la dejó ciega aún con los ojos abiertos,
que no hubo hechizos de magia blanca que iluminara su alma.

Y hoy me vienes con leyendas que me hagan mirar bajo la cama,
pero no sabes que no pueden molestarme tus cuentos para no dormir,
cuando mi vida hace tiempo se ha convertido en un cuento para no vivir.

Veneno lento

Emponzoñaste lentamente mi alma,
arrancaste de raíz mis sueños,
cubriste de negro mis sonrisas,
okupaste para siempre mis recuerdos.

Desgraciaste mi vida, mis plantes, mis futuros,
trituraste con malicia mi inocencia.
Perdida entre mil mares nauseabundos,
me condenaste a divagar como un fantasma.

Pobre estúpida, crédula de cuentos de princesas,
hoy quedo sucia,
sola,
vacía,
con las entrañas partidas y llena de ilusiones sin dueño.

 

La primera vez

Era tan bondadoso y paciente que cuando lo enfadaba,
después de exponer valiente su puño a 2 milímetros de mi cara,
solamente lo estrellaba contra la pared,
contra la columna,
contra la puerta,
contra la ventana.

Pero hubo un día en el que agoté su paciencia,
y en medio de un ataque de pánico en que el que me costaba respirar,
mis suplicas por que me dejara salir a coger aire a la calle colmaron su paciencia
y cansado de mi actitud de potra rebelde,
decidió callar mis grutos cruzándome la cara.

Mis ojos orbitantes bajaron la cabeza aterrados.
Mi mente quedó en blanco,
escuché el crujir del cristal de mi alma.

Pocos minutos más tarde me pide perdón,
él no quería hacerlo,
era el único arreglo que le vio a aquella situación.